Mi historia de los videojuegos, de SEGA y de mi padre.

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Desde muy pequeño recuerdo haber tenido contacto con los videojuegos. Primero llegarían las game and watch falsas (esas maquinitas ‘de tinta’, como les llamábamos nosotros). Tengo el recuerdo de verlas a montones en la piscina, en las manos de mis vecinos. Yo no me acuerdo de cuál tuve (¿Big Brother, qué me puedes contar?), pero sí recuerdo jugar mucho al Donkey Kong, que tenía dos pantallas y era la bomba. Con lo simples que eran,  nos tenían a todos enganchaos como yonkis.

Por esas fechas creo que nuestros padres ya nos habían comprado el clon de ATARI. Por cierto, que jamás vi una Atari original en mi círculo de amigos, solamente clones. Aquí me vienen recuerdos de jugar con mi hermano, con mis amigos, muy picaos con el Boxing, el Fishing Derby y todos los de esa época. Con sus mandos incomodísmos, joder, qué chungos eran. Pero lo pasábamos de miedo, cambiando de juego cada cinco minutos, probando todos esos que venían en la memoria interna, o en el cartucho mágico que nos habían comprado en el bazar, que traía montones de juegos…¡Ay!

Más tarde nos llegaría el Spectrum, primero el 48k y luego el 128k (¿cómo lo hiciste para converncer a los papas, brother??). Aquí sí que sacamos partido a las máquinas. Madre mía, hicimos hasta nuestros pinitos como programadores de juegos, recuerdo que fueron varios los que hicimos, y no tenían mala pinta. Ojalá los viera ahora. Por lo demás, yo hacía música, dibujaba, copiaba listados de código del Micro Hobby… y jugar, claro. Teníamos un cajón entero lleno de cintas, originales y piratas, de todo. Mención especial a la caja doble de Out Run, que incluía la cinta con la banda sonora. Esa cinta la reventé de usarla, más que el juego.

Todos son buenos recuerdos en esos días, pero luego íbamos a un salón recreativo o a un bar, y veíamos esas máquinas, esos juegos increíbles, con tanta calidad, graficazos, acción, musicón… y la comparación era odiosa. Vuelvo al ejemplo del Out Run, mi arcade favorito, y puede que mi juego favorito en general. La máquina era (es) una pura delicia. Luego me ponía a jugar en casa y, aunque flipaba igualmente, no era lo mismo.

Entonces mi hermano volvió a currárselo y en unas navidades de finales de los ochenta nos cayó el premio gordo: La Master System. Era la primera versión que incluía el Alex Kidd In Miracle World. Me acuerdo perfectamente que yo quería la versión que incluía el Hang On, pero ya no se vendía; además, al final salimos ganando, ¡hombre! Es muy posible que nos la dieran antes de tiempo, la noche de reyes, o en noche buena, porque estoy seguro de que nos pusimos super pesados. Sabíamos que la consola estaba en alguna parte de la casa y nos comíamos las uñas. Mi madre no lo soportaría y nos la adelantó, jajajaja. Qué bichos.

Esos días los recuerdo como MAGIA. El momento de enchufar todo, encender y ver la pantalla de presentación del Alex Kidd, madre mía, es la definición perfecta de flipar en colores. El salto del Spectrum a esto fue super impactante para mí. Los colores, la suavidad de los scrolls, el control (a mí me encanta el control pad de la Master, SÍ). Ya no había vuelta atrás, esto era muy grande. Al poco tiempo nos cayeron varios juegos, creo que estaban el Aztec Adventure, My Hero, Fantasy Zone, Golden Axe. Qué pasada, de verdad. Esas navidades no fueron mágicas solo para nosotros. A la vuelta de las vacaciones, el típico 9 de enero, nos miramos todos las caras en la clase del cole. A unos cuantos les había tocado el gordo también. Ahí empezó el intercambio de cartuchos. Los intercambios duraban dos días o así, no más, el tiempo era oro, jejeje.

Estuvimos así un par de años, disfrutando a tope de la Master System, cuando, una tarde, me llamó por teléfono mi padre. Estaba en casa de mis tíos (vecinos pared con pared por aquel entonces), y me dijo ‘Vente pacá, que te voy a enseñar una cosa.’ Tardé un minuto en llegar, estaba intrigadísimo. Entré en el salón de mis tíos. Estaban mi padre, mi tío, mi hermano, mi primo y alguna de mis primas. Los mayores de pie y los niños en el suelo y en el sofá. El salón estaba a oscuras y la tele estaba encendida. Mi tío, o mi primo, estaba jugando al Altered Beast. Era igualito al de los recreativos, una cosa super cañera. Miré la consola. Aquello no era la Master System, ésta parecía el Coche Fantástico, era hostia de chula. Luego pusieron otro juego. Apareció un bicho azul que corría como él solo, en un mundo de colores increíbles, que se movían con una suavidad bestial; la música parecía Michael Jackson. Fue un flechazo. Así sería la cara que se me puso, que me dejaron el mando enseguida para que jugara. Recuerdo que fue como estar soñando, no podía existir algo tan bueno.  Me pareció un suspiro ese rato que estuve jugando. – Venga, que tenemos que guardarla para mañana.- dijo mi tío. Luego mi padre nos contó que él y mi tío habían firmado un contrato con SEGA España para trabajar de vendedores comerciales. Se iban a dedicar a llevar esta Mega Drive, de muestra, por los centros comerciales y las tiendas de españa, para darla a conocer y enviar los pedidos de los clientes a los almacenes de SEGA. Mi época dorada estaba a punto de empezar.

Esa noche me costó dormir, mucho. Tenía a Sonic en la cabeza. ¿cuándo podría volver a jugar a aquello? Pues después de haberme quedado con la miel en los labios, pasaron por lo menos un par de meses hasta que la Mega Drive aterrizó en mi casa. Y todavía saldría de gira con mi padre alguna que otra vez, pero ya cada vez menos. ¡Ya era mía! No sé si tenía más juegos aquel día, pero yo solo quería Sonic, Sonic, Sonic, Sonic, ¡Sonic!

A partir de entonces, tres o cuatro juegos de Mega Drive y otros tantos de Master System llegaban a mi casa cada mes, como por arte de magia. Llegué a tener no se cuántos juegos, puede que unos treinta o cuarenta de cada consola. También apareció la Game Gear con su convertidor para poner juegos de Master System. Dios, ¡tenía de todo!¡Y lo jugaba todo! Mis amigos venían a casa y se volvían locos. Recuerdo las tardes con mi colega Rocky jugando al Virtua Racing como posesos. Quemamos algún que otro transformador. Luego llegó el Mega CD, y creía tocar el cielo. Ese ThunderHawk, ese Final Fight CD, ESE SONIC CD, el Batman Returns con las fases de conducción… solo por esos cuatro juegos mereció la pena la existencia del Mega CD.

Mi casa se llenó de pegatinas, camisetas, pósters (tuve uno de 1 x 2 metros del Eternal Champions, junto a mis dibujos de Bola de Dragón), carpetas de Sonic, las revistas de la época (Hobby Consolas, Mega Sega, ¿Mega Force?) de gratis. Una puta locura. El panorama se extendió de boca en boca entre los niños y creció el mito. Me pusieron el mote de Carlos Sega, no era para menos. Alguien me contó hace poco que corría la leyenda de que si tú tenías una NES o algo de Nintendo y la quemabas delante de mi padre, él te regalaba una Mega Drive….Jajajaja. Me encanta.

Ahora viene la parte amarga. Cuando la época de los 16 bits se fue terminando, Sony sacó, la Playstation, Sega la cagó con el 32x, la Saturn y la época dorada parecía terminarse, mi padre y mi tío empezaron a vender otras cosas, temas de PC y demás, incluso ¡algo de Nintendo! A Sega empezó a no irle bien y acabaron fuera. Esto no sé muy bien cómo fue (papá, me debes una entrevista).

En esa época yo desconecté de los juegos y me pasé al Heavy Metal, a ensayar con los amigos en el local. Me hice un poco más mayor. Las consolas me daban igual. Sí, jugaba un rato de vez en cuando, pero ya no era lo mismo. Mis colegas ya estaban flipando con la Playstation, ya no querían saber de la Mega, lo normal.

Llegó lo típico de ‘esta consola (la Master System) se la voy a regalar a tu primo chico, porque tú ya no juegas.’ Y yo: ‘Vale.’ Descuidé mi colección, perdí un montón de juegos que quedarían en manos de algún afortunado. Pasaron mucho años, más de diez. Y mi madre me llamó para preguntarme por la Mega Drive & Co. Que ‘qué hacía con todo eso, que si me lo guardaba o se lo daba a la limpiadora para su hijo’. Yo ya vivía en Madrid y pasaba bastante de todo mi arsenal de juegos. Además, había descubierto los emuladores y pensé que para qué, si ya lo tenía todo en mi PC (¡ERROR!). Le dije que sí, que se lo diera todo. Así, como lo leéis. Todavía me acuerdo y no me lo creo. Pero por aquel año ya os digo que me la sudaba.

Luego me casé y al día siguiente me compré una PSP. Descubrí los emuladores para PSP y le metí de todo menos miedo. Empecé a revivir mis juegos de infancia y la nostalgia se despertó. A los pocos años volví a Sevilla y recogiendo mis cosas que quedaban en casa de mis padres, encontré una maleta de SEGA de plástico, la de la Game Gear. Tenía  8 o 9 juegos, el convertidor de TV y alguna cosa más. Entonces me acordé. Le pregunté a mi madre por la Megadrive/Mega CD/Master System/Juegos a tutiplein…. y claro, todo eso ya no estaba  🙁  ¡TONTO!

MORALEJA: No desdeñes tu consola, aunque parezca vieja e inútil. Guárdala, porque el día menos pensado te entra el ataque de nostalgia y te cagas en tus muelas y te vuelves adicto al Ebay.

Por mi parte, desde entonces hasta hoy mismo, he hecho por recuperar casi todo lo que un día tuve. Y puedo decir que lo tengo casi todo. Pero aún así no me quito el mal cuerpo de haber dado mis consolas, cuando me acuerdo de ello (mamá, tú no tienes la culpa, no te ralles 😉 ). Son las mismas consolas, los mismos juegos, pero no son los que me regalaron mis padres. En fin.

Termino diciendo que hoy en día disfruto de estos juegos, más incluso que de niño. Que todavía enchufo el Sonic y se me cae la baba.

¡Gracias por todo, papá, eres mi héroe!

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Consolero seguero desde pequeñito, con esa Master System 1 y su Alex Kidd dentro. Tuve muchísima suerte, porque mi padre (y mi tío) estuvieron varios años trabajando como vendedores comerciales de SEGA, y eso me facilitó mucho tener un montón de juegos y casi todas las consolas que había en el mercado por entonces (menos el 32X). Esto hizo que se me conociera popularmente como Carlos Sega, en el colegio, vamos. Cuando se acabó la época de los 16 bits, abandoné este mundillo por el del Heavy Metal, aunque nunca del todo. Con el paso de años me fue volviendo el gusanillo y ahora estoy más consolero que nunca, ávido de conocer 'nuevos' juegos y recuperar los años perdidos!!

15 comentarios

  1. Joer, menuda infancia eh? Que bonita historia, y que triste final deshaciendote de todo…

    Me he sentido muy identificado con todo. Salvo con la parte de tener un padre que distribuia consolas. Jljaaaaa.

    • Ya, es cuanto menos, curiosa, por eso tenía ganas de contarla. Sí, es triste la parte de aquel día fatídico. Pero estoy ahora pensando que a lo mejor ese día fue la clave para que resurgieran mis ganas de jugar y la forma de apreciar los juegos. El que no está de acuerdo es mi bolsillo, jajaja.

  2. Varoken_retro on

    la verdad es que las game and watch lo petaron, nunca tuvimos esa sensación de que fueran cutres, y creo que salvo un par que tuve en propiedad bastante desconocidas, pude jugar montones gracias a los compañeros del colegio. La de Donkey Kong era todo un vicio pero sin duda la más memorable que realmente nos hizo perder muchas horas de vicio fue la de Zelda.

    Para un verdadero revival echadle un ojo a esta maravilla: http://www.pica-pic.com/

    Luego envidio la gente que tuvo espectrum o atari, la verdad es que lo pude jugar siempre en casa
    de algún colega, y no poco. La Atari solo la tenía un chaval y la use poco, pero el spectrum, salvo por las cargas interminables, era de verdad entretenido.

    Mi fortuna vino porque pese a sobrevivir a base de consolas ajenas y recreativas perdidas (teníamos un mapa mental con todas las que había por el barrio), o incluso joyas del ms-dos,… un amigo y yo íbamos a comprarnos la master system,… la historia es que justo salió la Mega… y mis
    benditos padres decidieron lanzarse, ya que era mi primera consola en propiedad, ¿porqué no la mejor que había en el mercado? ( aunque había probado el Alex Kidd en tienda, y le tenía ganas), mi colega que era un envidioso, se enfadó conmigo por no haberme comprado la misma que él, como si hubiera dependido de mi XD aunque no me iba a quejar del regalazo. Con el Altered Beast, una recreativa en casa, eso es lo que sentí tener. Luego ese chaval se pilló la Super Nintendo y fuimos rivales de marca, ya sabéis.

    Cuando salió el Sonic lo vimos mis colegas del cole y yo en un escaparate en medio de un pueblo de Madrid, de excursión… nos quedamos petrificados, quedaba poco para mi cumple… y me calló. Sin duda, el regalo de cumpleaños que mejor recuerdo, el segundo que más recuerdo es el del Sonic 2. Sin duda pocos momentos tan felices como aquellos.

    A diferencia de vosotros suertudos, dos tres juegos al año y el resto intercambio vecinal 😀 aunque así degustábamos más cada título, releíamos las instrucciones, flipábamos con los dibujos de las portadas y contraportadas…

    Mi Mega acabó vendida con muchos juegos (algunos que me regaló un vecino francés super majo), para poder costearme una PlayStation y aunque eche de menos mi mega original, no debemos mirar al pasado con amargura, las cosas que hicimos las hicimos así porque en ese momento no pensábamos como ahora. Echo de menos a mi Megadrive original y todos aquellos juegos que tenía, pero no puedo desdeñar los momentos que me dio la Play.

    Y tú ahora tienes más catálogo de lo que jamás imaginaste, consolas como la Super, la Dreamcast, vamos, que no te puedes quejar, dinero bien invertido.

    Un abrazo Carlos Sega.

    P.D: yo habría quemado una NES ante tu padre, para conseguir una SEGA, jajaja.

    • Muy buena historia, Varoken. Yo creo que el momento Sonic 1 fue una locura para todos, no había nada que se le acercara.
      Buenísimo el pica-pic, pero killo, no soy capaz de saltar un puto barril, jajaja. Gracias por el aporte, esto va a los enlaces de interés 😉
      Tienes bastante razón con lo de degustar más los juegos. Más que los juegos, el momento previo a tenerlo, a conseguirlo, el querer algo con todo tu ser, que es lo que me pasó a mí con la Mega Drive y el Sonic.
      Un abrazo Varoken! Anímate con un articulito no? Deberíamos hacer algo con la Dreamcast, yo desde el presente y tú, que la viviste en su día. ¿qué te parece?

      • Varoken_retro on

        Tu artículo era necesario dar conocer una situación tan mítica como tener un padre que curró para SEGA, joder, un héroe para toda la chavalada, solo aquellos que vivimos esa época lo podemos entender. Salve Sonic.
        En cuanto al articulillo, toca y lo de Dreamcast ahora lo vemos por privado 😀 Me parece perfecto.

  3. The Big Brother on

    El mejor post ever!
    La Atari clónica llegó en mi comunión! Recuerdo ver ese dia al vecino restregandome su regalo por la cara (un Casio PT-1) y yo ponerme un poco triste y a mi padre, que me llevaba de la mano, mirarme, sonreir y decir: ” tu regalo es mejor”. Mucho mejor! Con el casio te aburrias en 10 minutos si no eras un genio de 9 años, pero la consola (palabra que por aquel entonces ni sabia que existía) era otro nivel.

    Respecto a las maquinitas de tinta, tuvimos un par de ellas. Una roja de una niña que tenia que cruzar la calle cogiendo cosas y esquivar otras. Y otra igual pero con los dibujos cambiados. Las de Nintendo eran para niños ricos, esas las olí poco.

    La llegada del spectrum fue ya “el progreso”. Tuvimos primero el 48k porque yo pedí ese, carajote de mí fuimos al Continente y compramos uno “como el de mi amigo”, pero el 128k ya se vendía. Cuantos dolores de cabeza buscando un casette que le valiera me hubiera ahorrado. ¿te acuerdas poniéndole el radiocasete enorme plateado? Que brutos! ¿Y el mega cd es un transformer? Esos si que eran inventos.

    De como nos compraron luego el 128k no me acuerdo pero quizás fuese que era mas barato ya que andar comprando mas radiocasetes. O que empecé un curso de programación en basic y los padres invirtieron en el futuro de sus hijos… Bien hecho! Me gano la vida así ahora.

    Luego llegó el verano que vendían los chicles de Sega. Asi se picó todo el barrio con la master system. Y cayó el Navidad. Pero papá empezó a vender Sega antes de que llegara la Megadrive, perdona que te corrija. Aunque el pelotazo lo dio la mega. Lo primero que vi de la megadrive enchufada a un pantallón de la época ITT Nokia (creo), fue el Thunderforce 2. Inolvidable esa musica de la intro en estéreo.

    Te ha faltado mencionar que tuvimos un arcade en casa, literalmente. La máquina del Frogger, que acabó muy malita de las palizas que le dabamos. Donde andará la pobre.

    Si te pones a repasar todo el arsenal que regalamos: los dos spectrums, con sus juegos y joysticks, la master system, la mega, todos los cartuchos, mandos y demás. La atari no se si murió o la dimos. Vamos una pasta hoy en día. La Game Gear se libró por pequeña.

    • Joder, ¡no sé cómo se me ha pasado por alto lo del arcade de Frogger. De hecho hay una foto por por ahí en casa. He de buscarla. Pues sí, nuestro padre y tío se superaron un día y aparecieron que semejante bicharraco, que se puso en el sótano. Por aquel entonces el sótano era una especia de bodega, y quedaba allí de lujo. Recuerdo abrir el cacjón de las monedas y darle tropecientas veces a la palanquita de los créditos. Yo creo que eso fue lo primero que se rompió.

      Tampoco he comentado que fuimos pioneros en el alquiler de videojuegos, al menos, en nuestro pueblo. Eso, ¿de quién fue idea? El caso es que se habló con la dueña de un quiosco de prensa y chucherías y le pusimos allí una barbaridad de juegos de Master y Mega. El problema es que los que alquilaban eran niños, sin D.N.I. y perdimos algún que otro juego en el business.

      Calla, no me recuerdes más lo que se ha perdío. Yo no lo miro en dinero, sino en cacharrismo querido y anhelado…jajaja. Un beso, brother, disfruta de tu vacaciones. ¡Y juega a algo!

  4. The Big Brother on

    Joder empecé a escribir esto y no había comentarios… Lento si. Pero escribir por el móvil de vacaciones es lo que tiene. Sito_pixelacos por aqui! Que nivelazo! Bona nit!

  5. Vaya, a mi hermano y a mí nos regañaba nuestro padre cuando gastábamos la paga de 6 meses en un juego de master…

    Que infancia mas cuca, que envidia más sana. Lo cierto es que al final todo vuelve a su cauce, y los planetas se alinean para volver a darnos esos momentos SEGA!

  6. Da gusto leer textos tan emotivos y personales como el tuyo compañero.
    No puedo más que agradecerte que compartas esos recuerdos con el resto de aficionados.
    Ya me hubiese gustado a mi tener un padre relacionado con aquella sacrosanta compañía!
    Al mío ni siquiera le gustaban los videojuegos, hasta donde yo alcanzo a recordar.

    • Al mío tampoco le gustaban eh? jejej, pero se topó con Paco Pastor y se metió en el ajo. Ya sabes lo bien que vendía todo aquello en los noventa.

      • The Big Brother on

        De hecho fijate si le gustaban poco los videojuegos que se cargó una game gear tirándola al suelo… Momentazo.

        • Jajaja, expliquémoslo bien, hombre.

          Teníamos la puta costumbre de dejarla en el buzón (¿¿??), un sitio muy poco apropiado. Ya nos avisaron de que ése no era sitio y que tuviéramos más cuidado. Y un día papá llegó con el cable cruzado y cuando la vió ahí otra vez, la tiró y la reventó…jajajaja.

          Le faltó tiempo al pobre y al día siguiente apareció con otra Game Gear nueva <3

          Somos unos putos niñatos.

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